5 razones por las que viajar te cambia la vida

¿Otra vez te vas de viaje?, ¿Por qué te gusta tanto viajar?, ¿Y ahora a dónde?, ¿No te cansas?

Estas son preguntas que me hacen bastante seguido desde que comencé a viajar. En ocasiones han llegado a ser molestas y las he sentido como juicios o incluso envidia, sin embargo, poco a poco me di cuenta de que la gente va a preguntar si viajas… o sino viajas… si tienes hijos, o sino los tienes… si comes o no, si sonríes o no, ¡por todo!

Así que decidí preguntarme más a profundidad ¿por qué viajo? Y así mismo compartirte el por qué te recomiendo hacerlo.

Bueno… Pues porque viajar me ha enseñado a ampliar mi mente, a valorar lo que tengo y a observar que existe aún más que lo que me rodea y estoy acostumbrada.


1. Viajar te ayuda a ampliar tu mente

Me ha enseñado a mirar con otros ojos la naturaleza, los problemas y a las personas.

He aprendido a probar cosas nuevas y me ha retado constantemente y obligado a salir de mi zona de confort en más de una ocasión.

Al viajar he tenido que prestar atención a varios idiomas y a darme cuenta de que las emociones son universales, así como las miradas y las sonrisas. Sin embargo, es muy interesante ver cómo las viven en diferentes rincones del mundo. Porque si, si en tu propio entorno cada persona vive sus emociones de manera diferente a ti, ¡en otros países es igual! Pero poder ser consciente de esto te ayuda a mirarte con otros ojos, a aceptar esto también en ti.

2. Te confronta contigo mismo

Viajar es maravilloso, pero también es confrontante y difícil.

Como comentaba anteriormente, he tenido que aprender a salir de mi zona de confort.

Si eres una persona tímida para hablar con la gente, cuando te encuentras solo o sola en una ciudad o país distinto al tuyo, a veces tienes que acercarte a preguntar para saber qué dirección tomar, para preguntar qué comida estás por comer o si pueden orientarte. Y si, eso es difícil al inicio, pero maravilloso cuando lo logras hacer.

He aprendido que es muy fácil hacer vínculos muy intensos en corto tiempo y a valorar cada segundo de ellos, por lo que muchas veces las despedidas se vuelven dolorosas y a veces, frecuentes.

Esto es muy confrontante, en especial si te cuesta soltar. Como a mí. Pero aprender a hacerlo te ayuda a ver nuevas cosas, a abrirte a nuevas experiencias, relaciones, comida, experiencias. Así que si, te reta constantemente, pero también te ayuda a ver que si sueltas, lo que permanece cerca pero no unido a ti, te nutre y te llena completamente.

3. Vivir en el presente

Viajar me ha enseñado a vivir en el presente, a estar atenta constantemente a lo que sucede cada día y disfrutarlo al máximo, pero también me ha enseñado a soltar. A observar que todo es pasajero y que es mejor disfrutarlo ahora.

Seguramente te ha pasado que al viajar estás tomando fotos. A mi me pasó una vez caminando en una ciudad nueva para mí, que por ir tomando fotos se me terminó la batería del celular y ahí tenía la dirección a la que debía llegar.

Al no tener cómo cargar mi teléfono, tuve que soltar la idea de llegar a mi destino pronto, y al comenzar a caminar y pasear, descubrí las maravillas del lugar en el que me encontraba. Aprecié el camino, las fachadas de las casas, e incluso el olor a comida.

Así que cuando viajes, te sugiero desprenderte del teléfono un rato.

4. Madurar

Sin lugar a duda, viajar me ha hecho crecer, madurar.

Con esto no me refiero a que si no viajas no vas a madurar, para nada. Pero si te ayuda a madurar más rápido porque tienes que aprender a hacer todo por ti mismo en un corto periodo de tiempo.

Eso si, si te permites realmente la experiencia del viaje. Cuando te permites disfrutar de la experiencia, de conocer lugares, de vivir lo que estás viviendo en ese momento.

5. Seguir viajando

Por todo lo anterior y mucho más, cuando viajas una vez y te permites disfrutarlo y vivirlo, te dan ganas de viajar más.

Porque aprendes tanto de ti mismo(a), que quieres seguir conociendo, disfrutando, ampliando tu mente, retándote para ver qué más puedes hacer.

Y no hablo solo por mi. Conocidos, amigos, familiares y pacientes míos han tenido esta misma experiencia al viajar.

Después de todo esto, me di cuenta de que la pregunta ¿por qué viajo? la cambiaría por el ¿para qué viajo? Y mi respuesta fue, viajo para mí.

Por eso, si, pienso seguir viajando, creciendo y seguir dándome cuenta de que el mundo no es tan grande como pensaba, sino que sólo es cuestión de perder el miedo a la aventura y a conocer nuevos horizontes. Y así, todo se vuelve más cercano, incluso mis amigos y familia que viven en diversos lugares del planeta.

Porque la distancia se convierte sólo en kilómetros, pero el cariño en muchas ocasiones se vuelve más intenso y auténtico.

Así que básicamente, viajar me ha enseñado a vivir. A vivir con los sentidos y el corazón abierto a las experiencias que se presentan. Así que en cuanto se pueda, seguiremos viajando.

Publicado por Montserrat Oscós

Psicóloga y psicoterapeuta gestalt

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