¿Sabías que cada uno tiene un ritmo diferente?

Si, todos tenemos ritmos diferentes, tiempos y procesos. Y para entenderlos se trata de entender, de aprender a escuchar.

Cuando no nos preocupamos por escuchar, sino por hablar, es cuando dejamos de respetar al otro.

Cualquier relación, ya sea de padres-hijos, pareja o amistad requiere que ambas partes sean escuchadas con total comprensión, donde se busque entender tanto los pensamientos, como los sentimientos y deseos de una persona.

Cada uno tiene un tiempo y ritmo diferente. El tiempo que tu tardaste en terminar de leer un libro o de estudiar una carrera, no será el mismo tiempo que yo tarde. Y de igual forma, funciona con algo a nivel personal, el tiempo que tú te tardes en entender que estás en una relación tóxica, no será el mismo tiempo que tardará tu amigo, tu prima o yo.

¿Por qué sucede esto?

Porque somos personas distintas, con diferentes necesidades e ideas.

Te pongo un ejemplo.

“José y Germán estudian juntos en la escuela, ambos están en 5to de primaria y son muy buenos en los estudios. Sin embargo, a José se le facilitan las matemáticas y a Germán el arte”.

Si te fijas, ambos son “similares” en cuanto a sus calificaciones y edad. Pero cada uno tiene intereses diferentes.

Si aprendemos a escuchar los intereses de cada uno, podremos apoyar a José para llegar a ser un gran matemático y a Germán para ser un gran artista. En cambio, si nos enfocamos en mejorar las matemáticas de Germán y el arte en José, es probable que lleguemos a frustrarlos. ¿Por qué? Porque no estamos escuchando, no estamos prestando atención.

Cuando insistimos en apresurar los tiempos del otro, le estamos indicando que no somos sensibles ante su necesidad, ante sus propios tiempos y espacios, y esto se debe a que la gran mayoría de nosotros tiene poca preparación para escuchar.


Respetar, implica escuchar al otro. Implica poner atención ante aquello que para el otro es importante. Y sé que hay personas a las que se les dificulta expresarse, pero las actitudes demuestran mucho y habrá que aprender a desarrollar la capacidad de observación y detectar estos elementos. En especial, cuando alguien nos importa.

De igual forma, es aprender a observar, a escuchar lo que la otra persona nos solicita. Si pide un “tiempo fuera”, que es el pedir un espacio para calmar sus emociones, ya sean tristeza o enojo, es importante respetarlo.

¿Qué pasa si no lo hacemos?

Que llegaremos a un nivel alto de frustración, a ti te gustaría que si necesitas un espacio te lo sepan brindar ¿no? pues también es importante que tu mismo(a) lo brindes al otro. Tanto en tiempo fuera, como en ritmos y procesos de cada quien.

Como ves, respetar el tiempo implica respetar a la otra persona, respetar sus espacios, sus procesos, sus emociones y sentimientos.

Cuando aprendemos a respetar al otro, vivimos más tranquilos, porque sabemos que cada quien tiene su propio ritmo, velocidad y que, aunque sea diferente a la mía, podemos encontrar la manera de coincidir.

Yo tengo mis tiempos y deseos. Y tú tienes los tuyos.

Te comparto la llamada “oración de la gestalt” que me parece muy bella para enfatizar lo que hablamos aquí.

«Yo soy yo y tú eres tu
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas y,
Tu no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tu eres tú y yo soy yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos,
y coincidimos, es hermoso.
Sino, pocas cosas tenemos que hacer juntos.
Tu eres tú y yo soy yo»

(Fritz Perls)

Y tu, ¿respetas los tiempos del otro?

Publicado por Montserrat Oscós

Psicóloga y psicoterapeuta gestalt

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